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La doctrina de la Escritura en la apologética

Josafath Martinez··10 min de lectura

La Escritura es el fundamento de toda la apologética cristiana. No es una fuente más entre muchas. Es la norma última de verdad. Pero la pregunta no es solo '¿qué dice la Escritura?', sino '¿por qué deberíamos aceptar la autoridad de la Escritura?' Y la respuesta a esa pregunta tiene consecuencias profundas para cómo entendemos la apologética misma.

La Escritura como norma última (perspectiva normativa)

La Escritura es la norma última de verdad porque es la revelación de Dios. No es un libro humano con ideas interesantes sobre Dios. Es la Palabra de Dios escrita por hombres inspirados por el Espíritu Santo. 2 Timoteo 3:16 dice: 'Toda la Escritura es inspirada por Dios'. 2 Pedro 1:21 dice: 'Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo'. Esto significa que la Escritura no es una colección de opiniones religiosas. Es la revelación autoritativa de Dios. Y como tal, es la norma última para toda verdad, including la verdad apologética. No puedes evaluar la Escritura por un estándar más alto. Porque no hay estándar más alto que Dios mismo.

La autoautenticación de la Escritura

La Escritura no necesita ser autenticada por evidencia externa. Se autentica a sí misma. Esto no significa que no haya evidencia que apoye la confiabilidad de la Escritura. Hay mucha evidencia —arqueológica, histórica, profética—. Pero esa evidencia es secundaria. Lo fundamental es que la Escritura lleva su propia autenticación en sí misma. Juan Calvino lo expresó con claridad: 'La Escritura lleva su propia credibilidad... es absolutamente injusto que sea sometida a prueba y juicio por la razón'. Esto no es fideismo irracional. Es el reconocimiento de que la Escritura es la Palabra de Dios, y como tal, es el fundamento de toda razón, no algo que deba ser probado por la razón.

El testimonio interno del Espíritu Santo

¿Cómo sabemos que la Escritura es la Palabra de Dios? No principalmente por evidencia externa. Sino por el testimonio interno del Espíritu Santo. Juan Calvino llamó a esto el 'testimonium Spiritus Sancti internum'. El Espíritu Santo testifica en el corazón del creyente que la Escritura es la Palabra de Dios. Esto no es subjetivismo místico. Es el reconocimiento de que el conocimiento de Dios no es solo intelectual. Es espiritual. El hombre natural no recibe las cosas del Espíritu de Dios, porque las discierne espiritualmente (1 Corintios 2:14). El incrédulo puede examinar toda la evidencia externa que quieras, y seguirá sin creer. Porque el problema no es falta de evidencia. El problema es ceguera espiritual. Solo el Espíritu Santo puede abrir los ojos del incrédulo para ver que la Escritura es la Palabra de Dios.

Circularidad virtuosa vs. circularidad viciosa

El incrédulo acusa al cristiano de circularidad: 'Usas la Biblia para probar la Biblia'. Pero esa acusación malentiende la naturaleza de la autoridad última. Toda autoridad última debe ser auto-autenticante. No puedes probar la autoridad última por un estándar más alto, porque entonces ese estándar más alto sería la autoridad última. La circularidad en este caso no es viciosa. Es virtuosa. Es la circularidad de una autoridad que se autentica a sí misma. Cornelius Van Til lo explicó con claridad: 'El cristiano es circular en su razonamiento porque el cristiano comienza con Dios como el punto de partida'. El incrédulo también es circular. El incrédulo comienza con la autonomía humana como punto de partida. La diferencia es que la circularidad cristiana es coherente con su contenido. La circularidad incrédula es autocontradictoria.

Conclusión

La Escritura es la norma última de verdad porque es la Palabra de Dios. No necesita ser autenticada por evidencia externa. Se autentica a sí misma a través del testimonio interno del Espíritu Santo. La circularidad en este caso no es viciosa. Es virtuosa. Es la circularidad de una autoridad que se autentica a sí misma. Tu tarea como apologeta no es probar la Escritura por evidencia externa. Es presentar la Escritura como la norma última y mostrar que sin esa norma, el incrédulo no puede dar cuenta de nada en absoluto.

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