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Refutando el escepticismo filosófico

Josafath Martinez··10 min de lectura

El escepticismo filosófico es una de las objeciones más antiguas y persistentes contra el conocimiento. '¿Cómo puedes estar seguro de algo?' '¿No es todo relativo?' '¿Quién dice cuál es la verdad?' Estas preguntas parecen devastadoras. Pero el escepticismo tiene un problema fatal: se refuta a sí mismo. Y solo la cosmovisión cristiana puede resolver el problema del conocimiento sin caer en contradicción.

El escepticismo se refuta a sí mismo

El escéptico dice: 'No puedes estar seguro de nada absoluto'. Pero esa afirmación misma pretende ser una verdad absoluta sobre los límites del conocimiento. Si es verdad que no hay verdades absolutas, entonces esa afirmación no es absolutamente verdadera, lo cual significa que sí puede haber verdades absolutas. El escepticismo radical es autocontradictorio. Incluso el escepticismo moderado —'puedes estar seguro de algunas cosas, pero no de las más importantes'— presupone una distinción entre lo que se puede y no se puede conocer, lo cual requiere un fundamento epistemológico. Ese fundamento no puede provenir del escepticismo mismo.

Sin Dios no hay base para la confianza en la razón

Si el universo es producto de procesos materiales ciegos, sin propósito ni diseño, entonces tu mente es solo el subproducto de mutaciones aleatorias seleccionadas por supervivencia, no por verdad. La evolución no selecciona creencias verdaderas; selecciona creencias que aumentan la supervivencia. Puedes creer que 2+2=4 porque eso te ayuda a evitar depredadores, o puedes creer que 2+2=5 por la misma razón. Lo que importa no es la verdad, sino la utilidad. El naturalista Alvin Plantinga desarrolló este argumento con rigor: si el naturalismo es verdadero, entonces la probabilidad de que nuestras facultades cognitivas sean confiables es baja o inscrutable. El naturalismo se autodestruye epistémicamente. Solo si tu mente fue diseñada por una mente racional divina tienes fundamento para confiar en tu capacidad para descubrir verdad.

El problema de la inducción en el naturalismo

La ciencia depende de la inducción: asumimos que el futuro será como el pasado, que las leyes de la naturaleza son uniformes, que lo que observamos en muestras limitadas se aplica a la realidad en general. Pero ¿por qué deberíamos asumir eso? David Hume lo señaló con agudeza: no puedes usar la inducción para justificar la inducción sin caer en circularidad. Solo puedes justificar la inducción si presupones que un Dios soberano sostiene la uniformidad de la naturaleza. El naturalista no tiene ese fundamento. El naturalista usa la inducción cada día, pero no puede dar cuenta de por qué debería ser confiable. Toma la inducción prestada de la cosmovisión cristiana mientras rechaza el fundamento que la hace posible.

La solución cristiana al escepticismo

El cristianismo resuelve el problema del escepticismo de manera única. No comienza desde la duda metódica cartesiana, porque eso presupone que el ser humano autónomo es el juez de toda verdad. Comienza desde la revelación: Dios ha hablado, y Su palabra es la norma última de verdad. Pero esto no es un salto irracional de fe. Es la demostración de que sin la revelación divina, no puedes tener certeza de nada en absoluto. La cosmovisión cristiana proporciona el fundamento para la confianza en la razón, la uniformidad de la naturaleza, la validez de la inducción y la posibilidad del conocimiento. El cristiano no necesita probar que el cristianismo es 'posible' o 'probable' desde una posición neutral. El cristiano demuestra que sin el cristianismo, el escepticismo es inevitable e irresoluble.

Conclusión

El escepticismo filosófico no es una amenaza para el cristiano. Es una amenaza para el incrédulo. Porque sin Dios, no hay fundamento para la confianza en la razón, la uniformidad de la naturaleza o la validez del conocimiento. El escepticismo se refuta a sí mismo en teoría, pero en la práctica el incrédulo vive del capital intelectual cristiano, tomando prestadas presuposiciones que su propia cosmovisión no puede sostener. Tu tarea como apologeta no es defender el cristianismo contra el escepticismo. Es mostrar que sin el cristianismo, el escepticismo es inevitable.

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