Apologética y la ley de Dios
La ley moral es universal. Toda persona, en todo lugar, en toda cultura, tiene un sentido de lo que está bien y lo que está mal. Incluso el relativista que dice 'la moral es subjetiva' se indigna cuando alguien le roba o le miente. La pregunta no es si existe la moralidad, sino de dónde viene. Y la respuesta a esa pregunta tiene consecuencias devastadoras para el incrédulo.
La ley moral como testimonio universal de Dios
Romanos 2:14-15 dice: 'Cuando los gentiles, que no tienen ley, hacen por naturaleza las cosas de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones'. Pablo no está diciendo que los gentiles sean moralmente neutrales. Está diciendo que incluso quienes no tienen la revelación escrita de Dios tienen un testimonio interno de Su ley. La conciencia acusa o defiende. Todo ser humano sabe, en algún nivel, que está bajo una norma moral que no inventó. Esta es la base de la apologética presuposicional en el ámbito ético: el incrédulo ya sabe que existe la ley moral. Su problema no es ignorancia, es supresión.
Romanos 2: la ley escrita en el corazón
La ley de Dios no es solo un conjunto de reglas externas. Está escrita en el corazón humano. Esto significa que el conocimiento de Dios no es algo que el incrédulo necesita descubrir desde fuera. Ya lo tiene dentro. Romanos 1:18-20 lo dice con claridad: 'Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que son inexcusables'. El incrédulo no es un buscador honesto de verdad. Es un supresor de verdad. Sabe que Dios existe. Sabe que está bajo Su ley. Pero suprime ese conocimiento en injusticia.
El incrédulo usa estándares morales que presuponen a Dios
El incrédulo condena el mal. Habla de injusticia, de crueldad, de violación de derechos. Pero si el naturalismo es verdadero, no hay fundamento para ninguna de esas categorías. En un universo de materia en movimiento, no hay 'injusticia', solo eventos. No hay 'crueldad', solo comportamiento. No hay 'derechos', solo preferencias. El incrédulo vive del capital intelectual cristiano al condenar el mal. Toma prestado el concepto de ley moral de la cosmovisión cristiana mientras rechaza el Legislador que hace posible esa ley. Greg Bahnsen lo señaló repetidamente en sus debates: 'El ateo no puede condenar el mal coherentemente. Porque si no hay Dios, no hay ley. Y si no hay ley, no hay transgresión. Y si no hay transgresión, no hay mal objetivo'. El incrédulo puede hablar de mal, pero solo la cosmovisión cristiana puede dar cuenta de lo que está diciendo.
La teonomía como base de la apologética ética
La teonomía —la idea de que la ley de Dios es la norma para toda la vida— no es solo una posición teológica. Es una necesidad epistemológica. Sin la ley de Dios como estándar objetivo, no hay fundamento para la ética. El utilitarismo dice que lo bueno es lo que maximiza la felicidad. Pero ¿por qué debería la felicidad ser el estándar? El imperativo categórico de Kant dice que debes actuar solo según máximas que puedas universalizar. Pero ¿por qué debería la universalización ser el criterio? Cada sistema ético secular presupone algún estándar, pero no puede dar cuenta de por qué ese estándar debería ser vinculante. Solo la ley de Dios, revelada en la Escritura y escrita en el corazón, proporciona el fundamento para la obligatoriedad moral. Sin Dios, la ética es arbitraria. Con Dios, la ética es objetiva y vinculante.
Conclusión
La ley moral es un testimonio universal de Dios. El incrédulo la conoce, pero la suprime. Tu tarea como apologeta no es convencer al incrédulo de que existe la moralidad —ya lo sabe—. Tu tarea es mostrarle que su propia cosmovisión no puede dar cuenta de la moralidad que ya reconoce. Sin Dios, no hay fundamento para la ley moral. Con Dios, la ley moral es objetiva, vinculante y universal. El incrédulo vive del capital intelectual cristiano cada vez que condena el mal. Señálale la contradicción. Muéstrale que su cosmovisión no puede sostener lo que ya sabe que es verdad.
